18 de noviembre de 2011

Corsica (6 y último): Calvi-Ajaccio.

Llegamos a Calvi. Como la mayoría de las ciudades corsas, se encuentra encaramada en lo alto de una colina rodeada por los altos muros de su ciudadela. Otro elemento común, aunque no menos extraño para nosotros, era la presencia de campamentos militares franceses a cote de la ciudad. A lo largo y ancho de la isla, hemos observado a los bravos militares franceses entrenándose fervorosamente para llevar la paz allá donde fuese necesario. Ver caer sobre Calvi a cientos de paracaidistas diariamente, era de lo más habitual. Quizás por eso, los de Calvi, van a la playa con su toalla favorita. Una toalla donde aparece la amenazante figura de un militante del FLNC...
En esta ciudad sufrimos nuestro chine particular. Nuestros deseos de cama y ducha caliente, para nuestros maltrechos cuerpos, se vieron truncados una y otra vez. La temporada baja deja desierta la isla ¡Para bien y para mal! Encontrar un albergue, camping y/o hotel barato se convirtió en una misión harta imposible. Este fracaso lo mitigamos con una buena bigotada en un restaurante de Calvi degustando los platos típicos de la isla (principalmente jabalí en todas sus versiones)
El último día lo dedicamos en trasladarnos a Ajaccio, desde donde debíamos tomar el ferry esa noche. No dio para mucho la capital corsa, ya que llegamos al atardecer. Un paseo, unas compras, y la última cerveza, fueron el colofón a este viaje tan intenso. Chao Corsica!

















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