21 de abril de 2010

Crónicas de Laos (4 y final).

Estamos en Vientiane, tras seis horas y media de infernal viaje en autobús. La filosofía del conductor era clara. Desde el primer momento aplicó aquello de "donde caben dos caben tres". No sólo contento con eso, colocó en el pasillo unas banquetillas para que se acomodara más gente, llenó de maletas y guitarras cualquier hueco no ocupado por humanos, e incluso se atrevió a meter una moto en mitad del pasillo. Todo esto a una velocidad de crucero de unos 30 Km/h. ¡En fin, realmente inolvidable!
Nuestras bicis han terminado su periplo y volverán a Euskalherria como llegaron, en cajas de cartón. A nosotros sin embargo nos quedan dos extensos días por delante. El primero de ellos lo dedicaremos a visitar Vientiane. Como capital tiene su interés, con sus grandes edificios oficiales, sus plazas inmensas estilo soviético, sus banderas con la hoz y el martillo. Todo esto mezclado con cientos de tuk tuk, mercados donde encontrar absolutamente de todo, y quizás el monumento del que los laosianos se sienten más orgullosos. Es incluso un icono nacional, la estupa de Pha Tha Luang (no en vano significa algo asi como "la estupa sagrada más bella del mundo"). La visita desde luego es obligada para nosotros, al igual que a uno de los Wats adyacentes, el más antiguo de la capital, Wat Sisaket. Este último contiene miles de figuras de buda de bronce, de todos los tamaños. Además aparecen multitud de representaciones de buda en pie. Es en Laos el único pais donde aparece esta representación de buda, cuando las más comunes son las sentado o tumbado.

En la inmensa plaza de estilo sovietico que separa estos dos monumentos, tuvimos uno de los encontronazos más surrealistas del viaje. Nos encontrabamos Ainhoa y yo caminando por ella cuando vimos a lo lejos un grupo de unos treinta militares engalanados con medallas, a los que les estaban grabando un película de video. Al acercarnos a ellos nos agarraron y comenzaron a hacer gestos para que saludásemos y sonriésemos a la cámara ... Trascurridos 40 segundos nos soltaron y continuaron su camino. Supongo que saldremos en alguna especie de NO-DO laosiano como ejemplo de dos turistas occidentales en el amable Laos comunista.

Continuamos nuestro camino por Vientiane, cuando sufrimos otro encontronazo, aunque éste bastante más amable. Fuimos abordados por un grupo de ciclistas chinos, que por lo visto se quedaron asombrados al ver a dos blanquitos paseando con bicicletas por la capital. Tuvimos que pararnos y hacernos una buena sesión de fotos con ellos.

No hay tiempo que perder, mañana a la mañana volamos a Luang Prabang. Esta ciudad fue declarada patrimonio de la humanidad hace pocos años, por lo que se ha convertido en un imán para los turistas, que llenan sus calles y hoteles. Es cierto que se trata de un sitio realmente bell, repleto de Wats, situada en mitad de las montañas del norte Laos, junto a un meandro del Mekong. La antigua monarquía laosiana, no en vano la escogió para establecer su residencia habitual. Ésta fue abolida en 1959, tras la llegada de los comunistas al poder. Los "pobres" fueron obligados a abandonar su cómoda vida palaciega para ir a trabajar a los arrozales, donde murieron dos años despues (de ahí viene la expresión "el trabajo mata"). Fin de la monarquía. Estuvimos de visita en el palacio real, el cual estaba intacto, no se había movido ni una copa. A los lugareños no les hacía mucha gracia pasear por el palacio ya que pensaban que rondaban los espiritus de los monarcas por allí. Aparte del palacio real visitamos algunos de los inumerables Wats de Luang Prabang, nos perdimos por sus calles repletas de mercados y disfrutamos con las celebraciones previas del año nuevo laosiano. Dos días despues se celebraba el Pi Mai, año nuevo, pero la gente había comenzado con la costumbre de lanzr agua a todo lo que se menea. Tradición esta que agradecimos bastante... Como curiosidad el nuevo año laosiano era el número 2.553 de su era.

Abandonamos Luang Prabang, para coger nuestro avión que al día siguiente vía Bangkok nos traería de vuelta a casa. Sin embargo aún tendríamos un último encuentro inolvidable. Al salir del hotel nos encontramos otro cicloturista, que iba cargado como un mulo. Cuando nos acercamos para hablar con él, resultó ser el biciclown. Cualquiera que haya visitado paginas de cicloturistas por el mundo en internet, se habrá encontrado alguna vez con la suya. El biciclown es un asturiano que lleva 8 años pedaleando por el mundo con un proyecto solidario y con el que compartimos conversación (os animo a visitar su pagina www.biciclown.com). Me quiero despedir con una frase suya:

- Perdona pero ¿Tú eres el biciclown, no? ¡Menuda sorpresa! ¡Joder que pequeño es el mundo!
- Bueno, yo suelo decir que el mundo es pequeño para el que viaja por él, e inmenso para el que se queda en casa...

AGUR LAOS!
































5 comentarios:

Tor Qwa Tong dijo...

Me parece que la que está al lado de Ainhoa en la foto de los chinos le está levantando la cámara. Fijaos bien!

Tor Qwa Tong dijo...

Me parece que la que está al lado de Ainhoa en la foto de los chinos le está levantando la cámara. Fijaos bien!

el viejillo R dijo...

El astuto Torcuato se ha dado cuenta y avisa, lo que no se sabe es, si el levantar es elevar o robar, Ainhoa lo sabrá.Lo que sí parece cierto es que Rubén, pese a que dijera lo contrario, está en tratos con Buda para cambiar de religión. Se los ve muy acaramelados; por lo menos que sea con un Buda de los de a pie, no de los tumbados.

Ruben dijo...

Ciertamente he decidido pasarme al budismo. Principalmente por que el color naranja me queda que ni pintado. Además los domingos no hay misa, sino que se va a la piscina (con bañador por supuesto)

el viejillo R dijo...

¡Ganso!

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